El General Carlos Prats, asesinado el 30 de septiembre de 1974 por la Dina junto a esposa Sofía Cuthbert. Fue un Oficial brillante de profundo sentido republicano y democrático.


La figura del ex comandante en jefe del ejército, general Carlos Prats González, se fortalece como ejemplo de militar y ciudadano. Tuvo el mando de la institución desde fines de octubre de 1970 hasta pocos días antes del golpe. Sin compartir la ideología socialista del presidente Salvador Allende, mantuvo el profesionalismo castrense y la lealtad hacia las autoridades constitucionales, enfrentando la conspiración de Estados Unidos, la derecha y sectores dirigentes de la Democracia Cristiana.

La cercanía al presidente Allende, como ministro del Interior y de Defensa y también vicepresidente de la República, le permitió valorarlo -según escribió más tarde- como “uno de nuestros gobernantes más lúcidos y osados del siglo XX y, al mismo tiempo, el más incomprendido”. Poco a poco los enemigos del general Prats ganaron terreno y finalmente lograron aislarlo, obligándolo a renunciar el 23 de agosto de 1973. Entregó el mando a su hombre de confianza, el general Augusto Pinochet Ugarte.

El asesinato de Prats en Buenos Aires, en el que también murió su esposa, Sofía Cuthbert, fue organizado y planificado por agentes de la Dina, en su mayoría militares, bajo las órdenes del entonces coronel Manuel Contreras que dependía directamente de Pinochet. La investigación de la justicia argentina no pudo alcanzar a los militares chilenos -cuya extradición fue negada por la Corte Suprema- y concluyó con la condena a prisión perpetua de un agente de la Dina, Enrique Arancibia Clavel, como “partícipe necesario” en el crimen. Posteriormente se abrió juicio en Chile, hace más de cinco años. Pero el ejército no ha entregado a la justicia de ninguno de los dos países antecedentes claves para la investigación -los que sin duda maneja- haciendo que esos procesos sigan dilatándose. Con todo, el 30 de septiembre, el ejército rindió honores a la memoria del general Prats en una ceremonia especial con asistencia del comandante en jefe, altos oficiales y autoridades, reparando, de acuerdo al protocolo militar, un agravio injustificable mantenido desde su asesinato tramado por sus compañeros de armas.

Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert

Por autoridad, rango y carácter, el general Carlos Prats fue un destacado oficial constitucionalista que trató de mantener a todo trance la subordinación militar a las autoridades legítimas. Se jugó a fondo para evitar el golpe de Estado y el baño de sangre que significó el derrocamiento del presidente Salvador Allende. Tuvo ideas claras de progreso y avance social. Apoyó la nacionalización del cobre y la participación de los uniformados en el fortalecimiento de la soberanía y el desarrollo de la economía del país, pasando de la visión abstracta de la independencia y autodeterminación a otra vinculada directamente al manejo de los recursos esenciales -naturales, industriales, y financieros- que permiten hacerla efectiva frente a potencias hegemónicas, grandes corporaciones y centros de poder interno. También fue una de sus preocupaciones la elevación del nivel profesional de las fuerzas armadas, dentro de una concepción de defensa nacional que compartió plenamente con el presidente Allende. Poco antes de su muerte, Prats escribió en el exilio: “Sería una cruel ironía del destino que cuando se escriban serenamente las páginas de la historia de Chile de los últimos cuarenta años, se esclarezca que el gobierno que en dicho lapso tuvo una concepción más nítida de la seguridad nacional y que demostró con hechos el mayor interés en los problemas de la defensa nacional fue, justamente, el gobierno de Allende, derrocado por las Fuerzas Armadas y de Orden”.

Prats es la figura antagónica de Pinochet. Representa la lealtad, la consecuencia, la honradez, la valentía y el honor militar, atropellados por su sucesor que hizo de la traición y el disimulo una norma de conducta. Con todo, Pinochet supo interpretar lo que realmente ocurría en los principales mandos de la FF.AA. y especialmente en el ejército. La mayoría de los generales y mandos medios estaban ganados para el anticomunismo, las posiciones antipopulares y la subordinación a Estados Unidos, favorecidos por un profundo odio de clase y aspiraciones elitistas. Pinochet encarnó ese espíritu y no vaciló en liquidar a todos los que se opusieron a sus planes. Desencadenó una represión implacable para imponer un modelo ajustado a los intereses del imperialismo, las transnacionales y la gran burguesía.

Entretanto, el comandante en jefe del ejército, general Juan Emilio Cheyre, sigue buscando una salida para los militares procesados o imputados por crímenes contra la humanidad por la vía de responsabilizar a los civiles -cuidándose de criticar a la derecha y a EE.UU-, como la ruta para exculpar -y asegurar la impunidad- a militares que deshonraron el uniforme violando las leyes de la guerra y toda normativa nacional e internacional. Cheyre disimula la presión que ejerce con sus declaraciones y esgrime como argumento la tardanza en la tramitación de los procesos. Calla que durante 17 años fueron las FF.AA. las que impusieron silencio sobre los crímenes cometidos por agentes suyos, a los que beneficiaron con una autoamnistía, y que en los 14 años de transición han eludido sistemáticamente entregar antecedentes cruciales en los distintos procesos.

El general Carlos Prats González murió convencido de la necesidad de un ejército comprometido con la democracia y el progreso social, eficiente y respetuoso de las personas. Sus ideas siguen pendientes, más allá de reconocimientos retóricos. Desde hace años, el ejército enfrenta un camino que no está en condiciones de recorrer atado al pinochetismo, a situaciones de privilegio constitucional, legal y material, con creciente acercamiento a la estrategia global de Estados Unidos. Pero no hay indicios que el ejército pretenda hacer las reformas de fondo que requiere, las que deberían comenzar por asumir responsabilidades en los abusos de la dictadura y repudiar a los oficiales y clases que mancharon el uniforme al asesinar y torturar, con extrema crueldad, a otros chilenos para imponer un modelo que provoca una catástrofe social que se oculta.

Ni el ejército ni las otras ramas de las FF.AA. parecen tener interés en dejar de ser una amenaza para la democracia y el progreso. Se empeñan en seguir siendo la reserva armada de los círculos más retrógrados de una sociedad amarrada a la globalización capitalista, cada vez más dependiente de la superpotencia imperial.

Honor y Gloria al General Patriota: Carlos Prats González.

 

Felipe Henríquez Ordenes


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Felipe Henríquez Ordenes

Zurdo, DDHH. Ateo BRAVO. En la búsqueda de la verdad y justicia. Autor de los Retazos de la Memoria Chilena.

Twitter: @PipeHenriquezO – Correo Electrónico: fhenriquez@vcc.cl

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