Por Juan Pablo Ortiz
Twitter: @JPOrtizMoreno
(Movimiento Autonomista).

 

El domingo 10 de septiembre pasado se realizó el “Te Deum Evangélico”. Solo que este año, cruzado por “agenda valórica” y las elecciones, hizo que los ánimos de dicho evento tuvieran un cariz muy polémico. En estas líneas una pequeña opinión al respecto.

Lo primero importante, creo yo, es situar este evento en su contexto. No es una tradición republicana de nuestra nación. Se comenzó a realizar en 1975. Y fue Pinochet quien lo instauró. Ese solo hecho ya le da una característica particular. Aprovechemos y preguntemos algo. ¿Alguna vez se escucharon gritos de “asesino” cuando el dictador estaba ahí? Nunca. Y eso toma relevancia cuando este año el orador habló de “valores cristianos”. Defender la vida, apuntar contra los abusos es sin lugar a dudas parte de los “valores cristianos”, pero en aquellas épocas las muertes y torturas de miles parecían no importar. De hecho, quienes sí se levantaron para apuntar esos pecados fueron expulsados del país, como le pasó a Helmut Frenz un mes después del primer “Te Deum evangélico”. Sí, junto con Frenz hubo muchos protestantes y evangélicos que lucharon contra la dictadura, pero la Catedral Evangélica siempre fue un lugar donde no hubo problemas con la presencia del dictador. Pero volvamos a esta semana.

Eduardo Durán fue quien estuvo a cargo del discurso. Primera cosa a considerar. Ex funcionario del gobierno de Piñera y candidato al Congreso por Chile vamos. ¿No hay ahí un conflicto? Es decir, el pastor habla desde el texto bíblico o habla desde su postura política? Por supuesto que puede hacerla desde ambas, pero eso implica sincerar el discurso y aceptar que se usó la instancia para realizar una intervención política. Y por supuesto que el pueblo evangélico ahí representado (que está lejos de ser la única y quizás mayoritaria opinión) puede opinar y tomar partido. Lo que irrita es que orquesten todo y creen el ambiente para lo vivido el domingo pasado. Los gritos de “asesina” contra la Presidenta dentro del templo son inaceptables. Lo son porque nacen de una interpretación propia de una ley que no se inserta en la vida religiosa del pueblo evangélico, sino en las funciones de ella como Jefa de Estado, que es legislar para todo el país. Y cabe recordar que Chile es un país laico. Y lo son también porque hay una falta de respeto a la primera autoridad de la nación, y también por medio de ella a toda la ciudadanía. Y además, porque la historia acusa el doble discurso. Y que la propia historia te juzgue tan mal es terrible.

Durán habla de “valores cristianos” y los contrasta con una agenda legislativa centrada, en su discurso, en leyes como la de identidad de género, el matrimonio igualitario y la despenalización del aborto. De partida hay un error. Esta es una agenda de derechos civiles y/o de salud. No se legisla por temas valóricos, se hace para que todos quienes habitamos en Chile tengamos los mismos derechos, y que el ejercicio de esos derechos no implique, como en el caso del aborto, hasta una posible muerte de la mujer. Pero ya que hablamos de un discurso “cristiano”, debiéramos preguntarnos que diría o haría Jesús. Y para tener una idea de aquello tenemos la obligación de ver su actuar en el relato de los evangelios. Una mirada superficial de ellos da cuenta de algo que es innegable. Jesús siempre perfiló su vida desde los pisoteados. Su discurso y su actuar muestran su defensa a quienes eran sometidos por una sociedad que pasaba por sobre los desprotegidos y las minorías. Los evangelios son profusos en mostrar a Jesús defendiendo a las mujeres, a los de otros pueblos, a los niños. Y esa defensa lo puso en la vereda distinta de los representantes religiosos de ese tiempo. Entonces, Durán falla cuando critica una agenda legislativa preocupada de las minorías. Ese discurso no puede sostenerse en base a Jesús.

Pero el asunto no se quedó solo en el “Te Deum”. El miércoles recién pasado, una parte de dirigentes de las iglesias evangélicas “rompió” relaciones con el Gobierno. Cuestión rara en una sociedad donde Estado e Iglesia están separados hace mucho tiempo. Pero además, hay que hacer notar que es solo una parte de la “iglesia evangélica”. Y hay que decir que es la élite de esa fracción.

Como ya han salido varias voces disidentes a ese discurso de “superioridad moral”, es necesario plegarse a esas palabras y decir que lo ocurrido el domingo pasado en Jotabeche no nos representa a todos los cristianos evangélicos de Chile. Es necesario decir que somos muchos quienes nos avergonzamos de esos discursos y esas representatividades. Que somos muchos quienes creemos que la validez del evangelio radica en amar al prójimo como a uno mismo. Y eso no como lo dicten quienes están amarrados políticamente. Hacerlo como lo haría Jesús.


Juan Pablo Ortiz


Foto de Portada: Agencia UNO


Voz Ciudadana Chile en facebook
Compartir
Juan Pablo Ortiz

Humano en construcción. Autonomista del Movimiento Autonomista. Pelo cables en http://pasaoderevoluciones.blogspot.cl – Y vamos construyendo desde el Frente Amplio

Twitter: JPOrtizMoreno, Correo: juanpabloortiz@vcc.cl

Loading...