Por Romina Cerda


Hoy quiero dirigirme a ustedes, los traidores. Lo hago desde la rabia y el inmenso dolor que me causa ver que por desgracia de su decisión, muchas mujeres seguirán padeciendo el gran calvario de tener que llevar a cuestas una verdadera tortura. ¿Saben por qué? Al parecer, no tienen idea o lo que es peor aún, no quieren entender. Porque mientras ustedes siguen entorpeciendo este proyecto con sus paupérrimos “argumentos”, hay mujeres que fueron, son y serán violadas; otras cargarán embarazos inviables y además, otras tantas arriesgarán sus vidas hasta perderlas. Si bien, estas son las causales que desde hace tanto tiempo se discuten, no son las únicas que llevan a una mujer a abortar y todas son válidas.

Señores parlamentarios, insisto: qué ganas de que ustedes fuesen mis lectores en esta ocasión. A ustedes, otra vez, les recuerdo lo despreciable y repudiable que resultan su egoísmo y crueldad. Desde el momento en que se abstienen de una votación tan importante y desde que se asumen contrarios a un proyecto sobre un tema que ni siquiera es de su incumbencia, porque les guste o no, somos nosotras quienes mandamos en nuestros cuerpos. Ustedes ya tienen ese poder que yo observo con asco, ya son y se saben dueños de tanto en este país y, junto con eso, resulta que además quieren ser quienes decidan en lugar de nosotras.

Quiero que tengan claro que el hecho de que este proyecto pase a Comisión Mixta no es “una obra de Dios” y esta ley tampoco “es maldita”. No me vengan a mí con ese mal chiste de que luego de la noche oscura salió el Sol. Qué desastrosas las palabras del senador Iván Moreira. Si hay algo que me parece una falta de respeto impresentable es que todavía haya integrantes en el Congreso que se justifiquen con “Dios”. ¿Saben? Increíblemente, mi mejor amigo es cristiano. Siendo los dos muy diferentes, aprendimos a querernos y aceptarnos incluso con aquello en lo que jamás coincidiremos. Sin embargo, él me ha contado que “Dios es amor”. Que alguien me diga, por favor, si mi amigo me ha estado mintiendo, pues ustedes lo único que me hacen pensar es que, en realidad, ese ser superior es sinónimo de opresión y crueldad. Ahora, pongámonos en el caso de que ese Dios existiera: de seguro que debe sentirse ofendido y avergonzado de que ustedes se sientan como sus representantes, porque están velando por intereses propios y desde esa falsa moral que los caracteriza.

¿Qué pasaría si yo tomara al protagonista de mi libro favorito y empezara a juzgar a los demás y a utilizarlo como escudo al no saber argumentar? Evidentemente, yo perdería seriedad, me vería irrisoria ante el resto y estaría cayendo en un error descomunal e imperdonable. Así se ven ustedes, señores “honorables”.

Parece que se les olvida que ustedes desde su rol deben ser representantes de un país entero. Aquí sus convicciones personales dan lo mismo. Guárdenlas en otro lado, que al momento de decidir algo tan importante como este proyecto, estas no importan. Lo menciono, sobre todo, recordando un francamente desacertado comentario del diputado Marcelo Chávez.

Quédense con sus creencias, con sus cruces y rosarios, pero para eso está la esfera privada. ¿Qué parte de eso no se comprende bien o, en realidad, no quieren ver? Si tanto quieren a Chile y a su gente, por favor, dejen sus prédicas para quien quiera escucharlas. Suficiente dinero y poder de hacer y deshacer tienen ya. ¿Les suena el concepto de “Estado laico”? Cuánto miedo y rechazo les causa.

Qué increíble cómo una realidad puede cambiar de un momento a otro. Sucede que hasta hace poco, al fin, se vislumbraba que el proyecto de despenalización del aborto sería un hecho, luego de que sus tres causales fuesen aprobadas en el Senado. Sin embargo, ahora es otra la historia que se está contando: el proyecto corre un riesgo serio y es más que lamentable.

Gracias por derrumbar una lucha de tantos años por darle espacio a sus credos que en nada remedian el daño que nos causan como país. Gracias por poner en evidencia esa misoginia que les brota de manera impresionante al momento de abrir la boca. Después no vengan con sus saludos hipócritas en el Día de la Mujer ni nada similar. Gracias por demostrarnos que no se puede confiar en ustedes. Yo nunca lo hice, al menos, y eso me da un poco de tranquilidad en medio de tanto dolor. Por darnos la espalda y llenarse la boca con que quieren un mejor Chile, excepto para quienes no seguimos sus dogmas y pertenecemos a ese grupo de los que no compartimos sus privilegios. Sin embargo, quiero recordarles una verdad más que conocida: las mujeres seguirán abortando, les guste o no y ustedes no van a cambiar eso. Algunas podrán pagar la operación por “apendicitis” y otras podrán en riesgos sus vidas al no tener los recursos suficientes, pero esto continuará.

Sé que aunque llegaran a leer estas palabras, mi sentir les daría igual. Claro, porque soy una mujer y no pertenezco a la clase conservadora que mueve los hilos de este sistema. Mi voz nunca les va a importar, menos mis letras. Sin embargo, siento la necesidad de que esta realidad se quede escrita. A ustedes, se los repito: gracias por nada, traidores.


Romina Cerda


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