Un nuevo 11 de septiembre y estoy harta. De tener que leer y escuchar aberraciones en prensa y redes sociales… y encima tener que aguantarlas. De tener que mostrar moderación y que ésta sólo se le exija a las víctimas.


Simplemente, quiero decir: Maldito Pinochet, y malditos todos los uniformados y civiles involucrados en el golpe y los otros crímenes que le siguieron. Maldito Leigh, maldito Merino, maldito Mendoza, maldita la vieja, maldito Matthei y todos los que torturaron y desaparecieron personas y los que lo ordenaron. Malditos los que conspiraron, los que delataron y los que entregaron. Malditos Edwards, maldito Claro, maldito Zaldívar. Y malditos todos lo que aún creen que es normal o justificado torturar y matar y, aún más, hacer desaparecer los cuerpos. Malditos los que guardaron y mantienen el secreto. Malditos los que llaman “guerra” a la masacre. Los que llaman “venganza” a la necesidad de verdad y justicia. Malditos los que bromean. Los que juegan al empate, los que piden olvidar, como si fuera fácil olvidar a un ser querido que arrebataron, martirizaron y tiraron al mar o dinamitaron. Como si fuera fácil olvidar al hijo, hija, padre, madre, hermano, esposo, nieto, nuera embarazada o amigo del que quedó sólo una foto en blanco y negro para colgar en el pecho o alzar en marchas.

No hay que ser político, no hay que ser de derecha o izquierda, para tener conciencia, para tener empatía. Me quiebra cada testimonio. Cada muerte. Me aterra y me enrabia el sadismo de quien celebra o justifica. Me enrabia y me duele como chilena, como ser humano, que haya quienes no sepan o les da lo mismo lo que pasó.

A mí, no me da lo mismo. A mí me conmueve cada acto de memoria, el gesto de esos dos futbolistas en el Nacional, las velatones, los memoriales. Me renueva la fe cada nueva condena a culpables. Me emociona una identificación de restos. No me da lo mismo tener una Presidenta que fue víctima de la dictadura e hija de un general asesinado por ser leal a la Constitución, a su institución y a su país. No me da lo mismo que llamen “gobierno” a lo que fue “dictadura”, ni me da igual que violadores de DDHH o sus cómplices lleguen al Congreso y al Ejecutivo o que estén ahí sentados dando sermones de moral en paneles de televisión, que condenados reciban pensiones o que encubridores se sigan enriqueciendo y dominando… no me da lo mismo ver que hay políticos que vendieron a sus padres por unos cochinos réditos con dinero manchado de sangre.

Maldigo, me enrabio, porque si le hago caso a lo que siento… no pararía de llorar.

Alejandra…


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