Por Romina Cerda


Hasta que, finalmente, ocurrió: aprobación de las tres causales para el proyecto de despenalización del aborto en Chile. La noticia lleva tan solo unos minutos desde que fue difundida y ya ha generado una serie de reacciones en muchas, muchísimas personas. Yo soy una de ellas y, ante este tema tan importante a nivel país, no puedo quedarme indiferente. Por eso, sin importar la hora ni el momento, escribo.

Es sabido que esta aprobación, antes de que se concretara, tuvo varias reacciones y costos: discusiones de nunca acabar, manifestaciones masivas de mujeres alzando la voz e incluso el enorme calvario de muchas que hasta ahora se han visto enjuiciadas al no poder tomar una determinación que, hay que decirlo, solamente les corresponde a ellas.

Hace un par de semanas, con dos de mis cursos trabajamos el tema de la argumentación. Además de ver definiciones, hablamos de lo importante que es informarse al momento de dar y defender una opinión. Junto con eso, también vimos el significado de lo que es una falacia argumentativa. Me da vergüenza y lástima decir que como fiel ejemplo de dicho concepto podríamos poner a más de un “personaje ilustre” que despotrica en contra del aborto sin siquiera darse el tiempo de conocer los motivos que tiene una mujer que necesita realizarlo.

Me duele y me llena de rabia ver que hay quienes desde sus distintos espacios de poder tienen la tribuna para expresar palabras llenas de ignorancia y crueldad. Sucede que ahora el violador de una mujer es llamado “padre” si hay un embarazo y las mujeres que han sido condenadas por abortar “bien presas están”. Cómo quisiera que barbaridades así no fuesen más que una pésima broma, pero no. Es más, podría seguir con la indignante lista de mal llamados “argumentos” que algunos han utilizado con tal de no ver avanzar este proyecto. En lugar de eso, mencionaré algo que no es nuevo y muchos ya lo han sostenido: si fuesen los hombres quienes necesitaran abortar, la despenalización sería un hecho desde siempre. Aunque haya quienes no quieran verlo, esto también tiene directa relación con el sistema patriarcal que nos rige hasta hoy. Quien no lo asuma como tal es porque está cómodamente sentado en el sitial de los más privilegiados y que se sienten con el pleno derecho a decidir y juzgar lo que no les concierne. ¿Qué clase de tortura pretenden seguir perpetuando?

Aquellos que se hacen llamar “pro vida” son, en realidad, “pro nacimiento”. Se trata de gente que está en el poder y también en nuestras vidas cotidianas. Defienden con vehemencia a “la vida que está por nacer” y una vez que esto ocurre… ¿qué? Entonces, ellos no se van a preocupar ni del recién nacido ni de la madre, porque lo que les importa es que “esa personita nazca”. Después de eso, les da lo mismo el porvenir y la integridad (en todos sus aspectos) de esa madre y su hijo(a). Por favor, que quede claro: vivir no es solo respirar, lo dijo alguien ya.

Qué curioso resulta ver que aquellos que tanto defienden el derecho de hacer y deshacer con la propiedad privada no sean capaces de concebir que las mujeres tenemos todo el derecho de decidir en nuestros cuerpos. Asimismo, también están aquellos que en nombre de su Dios quitan la seriedad que temas como este requieren al ser tratados. Está bien si las personas siguen alguna creencia, pero recordemos que estamos en un estado laico. Los dioses y cualquier credo no tienen cabida en este debate que ya llegó a un resultado. Por si acaso, les aviso que al decir esto no me voy a ir al infierno ni su Dios me va a castigar. No se empeñen en convencerme de lo contrario.

Mientras tanto, aquellos que nunca serán violados, no correrán riesgo vital ni vivirán la espera de parir un hijo inviable, seguirán reclamando desvergonzadamente. También lo harán los eternos fanáticos religiosos. Sin embargo, ni todos ellos juntos pueden detener este avance que, al fin, se ha alcanzado. Por más que quieran negarlo, las mujeres seguirán abortando, sin distinguir motivos ni clase social. Ya es tiempo de que entiendan que una mujer no aborta por gusto ni por deporte. Personalmente, estoy a favor de que las mujeres decidamos sobre nuestros cuerpos en cualquier situación. De todos modos, hay que reconocer que la aprobación de estas tres causales ya es un paso muy importante en medio de un camino difícil que debemos seguir construyendo, por cuestión de justicia y humanidad.


Romina Cerda


Foto Portada: Agencia UNO


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