Querida Beatriz:


En mis tiempos de militante en el Partido Socialista, yo era un solo un jovencito. Creía en el proyecto, porque fue el partido que fundó el presidente Salvador Allende. Me tuve que caer varias veces para darme cuenta que, de ese PS, no había nada de lo que yo imaginaba. Finalmente renuncié al poco tiempo, y fue algo muy doloroso para mí, porque el “Chicho” se revolcaba una y otra vez en su tumba. No necesito decir nada más, porque finalmente es el sentimiento generalizado de muchos que como yo fuimos parte de los que creímos, y que finalmente terminamos todos estafados política y moralmente.

Los que amamos la política porque creemos en la fuerza constructiva de lo público, lamentamos en el lodazal que nos hundieron los que hoy nos gobiernan. Una política derribada por quienes deberían practicarla con honorabilidad. Tramas de corrupción, financiación ilícita de partidos y enriquecimientos subrepticios se añaden a otras infamias, como son los miopes y enfrentistas patrioterismos. La incompetente gestión económica, descaradamente codiciosa e injusta. La decapitación de cualquier futuro en materia de educación, de previsión, de sanidad, de diversidad, de derechos humanos y cultura, la creciente desigualdad social, y un cuanto etcétera. Este mapa de irresponsabilidades pintaba nuestro actual paraíso político en Chile.

Hasta ahí, ya creía que no era posible dar una nuestra de confianza a los políticos tal como se organizan en los partidos, ni a la elocuencia del cliché que utilizan en sus discursos. Por desgracia, la mayoría de ellos se han empeñado en dar una imagen nefasta de sí mismos. La ciudadanía, no sin indignación ni descreimiento, los veíamos -y los seguimos viendo- encastillados en sus pequeñas parcelas ideológicas y en su legitimidad cuestionada por la realidad, de la que parecen haberse distanciado, error carísimo para todo político.

Durante todo este tiempo, me di cuenta que era muy peligroso abjurar de la política en general o de simplificarla como una praxis de incompetentes estafadores. El pueblo quedó hasta la corona, veíamos -y seguimos viendo- cómo los políticos nos trataban a los ciudadanos como verdaderos idiotas y que, paradójicamente, a pesar de todo, había que volver a creer en la política como una cualidad edificante. Nos presentaban siempre a los mismos, a los de la Concertación, pero solo resultó de ello mi repulsión hasta donde nunca me imaginé. Cambió el panorama político se cambió a la otra vereda, no sé qué resultó peor, porque nos gobernó un patán y ludópata empresario como “Tatán”: Sebastian Piñera. Después volvieron los mismos que nos gobernaron durante más de 20 años y todo resultó igual de decepcionante. Regresaron, solo con un nombre más refinado: La nueva Mayoría.

Querida Bea, cuando anunciaste tu retiro de la radio para dedicarte a este proyecto me devolviste la esperanza. Nos dejaste en ascuas durante varios días, hasta que aceptaste el desafió, y nos diste una mano a miles que como yo, volvimos a creer en la utopía de cambiar nuestro Chile, de levantarnos por las mañanas, sacar un pie de nuestras camas y decir, “saldré a la calle, y voy a ir a hacer patria”.

Y todo esto que podría parecer ingenuo, es, sin embargo, necesario. ¿Por qué no reivindicar un papel elevado e idealista de la política? Desde su origen, este fue el motor de la dedicación profesional del político: articular un ideal por cambiar las cosas en la práctica. Pero requiere un factor esencial a la hora de esa práctica: la ejemplaridad. Es un rasgo moral que enaltece al político, sin el cual el político es un mero arribista.

Hoy más que nunca, aparte de la formación y de la capacitación para gestionar y dirigir, se precisa tu honestidad y decencia. Beatriz, contigo nos vamos a presentar en las urnas. Ya que se supone que en las urnas hallaremos a los más capaces y a los mejores. Gente que piense y ejecute, invente y aporte soluciones. Tú, Beatriz, lo harás posible, con todo ese hermoso equipo que te acompaña.

Contigo, volvemos a creer, porque hay que creer otra vez en la política como inventiva, creatividad, arrojo, generosidad, diálogo, valentía para buscar lo necesario y aplicarlo con medidas consensuadas.

Acá me tienes, trabajaré por ti, así como lo haremos miles y miles que, por Chile, edificaremos juntos este hermoso desafió, y estoy seguro que podremos darles a las generaciones venideras una nueva patria… un Chile decente, ese mismo en el que creí era posible en mis tiempos de juventud.

Beatriz, gracias por devolvernos las ganas y las ansias de volver a creer. Gracias, mil gracias.

Felipe Henríquez Ordenes


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Felipe Henríquez Ordenes
Zurdo, DDHH. Ateo BRAVO. En la búsqueda de la verdad y justicia. Autor de los Retazos de la Memoria Chilena. Twitter: @PipeHenriquezO - Correo Electrónico: fhenriquez@vcc.cl