La libertad de expresión termina justo en el momento en actos inciten a la violencia, el odio y la discriminación. Tolerar al intolerante no se encuentran enmarcadas en este tipo de libertad.


Lo que sucedió hoy en un Chile con el famoso “Bus de la libertad” traspasó todo límite de ignominia e inmoralidad. Simplemente no se puede dejar pasar la ofensa de un gran sector de la población. Todo proveniente de los mismos sectores de derecha, que siguen dogmas religiosos. No contentos con lavar los cerebros de los suyos, intentan lavar los ajenos.

La libertad de expresión no puede convertirse en una herramienta para vulnerar los derechos de los otros o para incentivar la violencia, la discriminación y el odio. Chile está cambiando, e inexorablemente todo este grupete de conservadores deberá convencerse de que no podrán meterse en la vida de los demás como lo han hecho desde tiempos inmemoriales así tan sueltos de cuerpo.

En este sentido se tutelan los derechos fundamentales. No puede entenderse que quien hace uso de dicha libertad está autorizado para atropellar los derechos de otros miembros de la comunidad, sacrificando principalmente, entre otros los derechos al buen nombre y a la honra.

Pese a que la Constitución Política establece la libertad de expresión como el derecho que tienen las personas para difundir su pensamiento, opiniones, informaciones e ideas a través de diferentes medios, se determina que estos tienen sus limitantes, por ejemplo cuando se utilizan expresiones o palabras que tengan una invitación a cometer actos violentos.

En el debate se indica que en la circulación del bus de la discriminación afectaron los derechos de una buena parte de la población que ya no está dispuesta a que gente como la mentada promotora del bus naranja, la ultra religiosa Marcela Aranda, intente meter su cochina secta en las camas, en los úteros, en los penes, en los anos y en las vulvas de los demás. ¿Qué derecho le da a ella? ¿Aceptaría ella que esa parte de la población se metiera en su vida?. La respuesta es evidente: NO.

¿Hasta donde llega nuestro derecho a decir lo que pensamos, nuestra libertad para expresarnos?

La señora Aranda, con tintes homofóbicos, transfóbicos y discriminatorios en todos los sentidos, vulnera los principios de tolerancia y pluralismo y pierde todo respeto por la gran mayoría de chilenos que ya no estamos dispuestos a que haga este tipo de inmoralidades en nombre de la tan manoseada “libertad de expresión”.

Felipe Henríquez Ordenes


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Felipe Henríquez Ordenes
Zurdo, DDHH. Ateo BRAVO. En la búsqueda de la verdad y justicia. Autor de los Retazos de la Memoria Chilena. Twitter: @PipeHenriquezO - Correo Electrónico: fhenriquez@vcc.cl