El 25 de junio de 1975, Carlos Lorca Tobar fue detenido y desaparecido junto con Modesta Carolina Wiff, a quienes hoy debemos recordar por su lealtad y entrega en la lucha contra la dictadura de Pinochet.


Carlos Lorca Tobar, chileno, hombre de 30 años de edad al momento de su detención y desaparición. Por entonces era Sebastián, su nombre político, uno de los máximos dirigentes del Partido Socialista de Chile. En la clandestinidad fue un médico humanista, de vocación de psiquiatra y estudios avanzados en filosofía.

Hijo de Carlos y Maria; hermano de Luis, Raúl y Jaime. Sufrió y lloró la pérdida de María Isabel, la “Chabelita” quien los dejara con solo 11 años. Casado con Gabriela Bravo. Un hijo, Ricardo Lorca Bravo.

María, madre de Carlos, falleció sin saber de su hijo y fue una más de las compañeras que partieron sin saber de justicia, sin saber dónde estaba su hijo. De ninguno de sus familiares alcanzó a despedirse, privilegio que se respeta, aun a los condenados a muerte, en países bárbaros.

Valentía y Voluntad de Hierro: Llegó el Golpe.

Carlos Lorca Tobar, fue detenido el 25 de Junio de 1975, hace ya 41 largos años junto a Carolina Wiff en la calle Maule 130 de Santiago, vivienda de Yolanda Abarca, en un operativo comandado por Manuel Contreras y Pedro Espinoza. Mintió Pinochet y todos sus secuaces para ocultarlo. Para completar el manto del silencio que los jueces supremos aportaron con su complicidad hasta el día de hoy. Los que lo detuvieron, esbirros de la Brigada Purén, ingresaron celebrando su captura. Las hienas gritaban su nombre “Lorca, Lorca” y hacían sonar las bocinas de su caravana de vehículos. No menos de 40 agentes lo detuvieron junto a Carolina Wiff.

Al momento de su detención, exigió a sus captores: “Soy Carlos Lorca, miembro de la comisión política del Partido Socialista de Chile y exijo ser tratado como prisionero de guerra”. Vano intento por exigir derechos con las mentiras de una supuesta guerra civil con que la tiranía pretendía justificar sus crímenes. Lo aniquilaron asumiendo los costos, con los que hoy, ya se han convertido en nuestros mártires.

Su Trayectoria.

Carlos Lorca fue líder estudiantil en los estudios secundarios. Alumno del Instituto Nacional, primer Foco de Luz de la Nación. Estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Fue presidente del Centro de alumnos de la Escuela de Medicina. Posteriormente fue vocal de la Federación de Estudiantes de Chile. Lideró el proceso de Reforma en la Casa de Andrés Bello. Llegó a ser integrante del Consejo Superior de la Universidad de Chile. Además, fue elegido en forma unánime como Secretario General de la Juventud Socialista de Chile. En tal calidad se integró al Comité Central y a su comisión política del Partido Socialista de Chile.

Fue presidente de la Unidad Popular Juvenil. Fue elegido Diputado por Valdivia. Eligió el Sur y el Sur lo eligió a él. Representó a las ciudades de Valdivia, Panguipulli, La Unión y Río Bueno. Carlos Lorca se hizo carne en hombres y mujeres bajo las lluvias y entre los verdes. Tuvo una amistad estrecha con el Presidente Constitucional Salvador Allende. Tuvo grandes simpatías con Carlos Prats y Alberto Bachelet, generales de la República. Lo unió una camaradería profunda con Clodomiro Almeyda y Orlando Letelier; con Luis Corvalán y Gladys Marín; con Rodrigo Ambrosio y Luis Maira. Fuertes lazos lo unían al Cardenal Raúl Silva Henríquez. Tenía gran cercanía con dirigentes Demócrata Cristianos como Bernardo Leyton y Ricardo Hormazabal.

Carlos Lorca con Gladys Marin y Jaime Suarez

Carlos tejió las redes del Partido Socialista, comunicándose con líderes políticos, militares, religiosos, gremiales, profesionales y estudiantiles. Su presencia, y extraordinaria fortaleza interior, coraje, inteligencia y rigor, estuvo en diversos confines de la tierra.

Quienes lo reconocieron vieron su naturaleza inolvidable. ¿Cómo eras Carlos? ¿Eras la versión del Quijote social en lucha sabia contra los molinos de la injusticia? ¿Eras el renacentista pensante en todo lo humano? ¿Eras el hombre nuevo de todos los tiempos? ¿Eras el amor por tus semejantes? ¿Eras la encarnación criolla de los ideales de Lincon, Gandhi y Allende?

Carlos infundió coraje. Enseñó a perder el miedo. A soñar la libertad. A organizarse y a luchar por la Democracia. A liberar la patria encarcelada. A hacer brillar de nuevo la esperanza. No le dio tregua ni descanso desde que fue un adolescente. Se fue haciendo sabio en la lucha, en las ideas, en el debate… y en sus queridos libros.

Un hombre educador y ejemplar: extendiendo las ideas de futuro. Con cuanto orgullo miraba a los jóvenes crecer y desarrollarse: a la Michelle Bachelet, a Camilo Escalona, al Ennio Vivaldi a Marcelo Unda, a Gladys Cuevas y a tantos otros. Con cuanta pasión compartió sus ansias de saber con Ricardo Pincheira y Jorge Klein, con Pancho Rivas y Niels Biedermann, compañeros de su generación.

Pero sobre todo su amor por enseñar lo llevó a los jóvenes del país, a hacerlos buscar su destino, a tocar el cielo con las manos. Su querido Chile cayó en una Dictadura Mercenaria. Fue botín de la banda que dejaba a su paso crímenes, desapariciones y detenciones arbitrarias y traiciones a la patria. Sabía que no había más destino que la muerte. La encaró con alegría y dignidad. Dio ejemplo en su calvario.

Dio en ofrenda su vida para que renaciera la democracia. Para que su pueblo y su patria fueran libres. Se dio entero por un Chile mejor. Un hombre médico y humanista. Su amor por la vida, su rebeldía ante los males que aquejaban a los desposeídos y a los enfermos lo hizo estudiar la mente y el cuerpo para entenderlos, acogerlos y ayudarlos. Nunca dejó de ser médico, ni en las mayores exigencias de la vida y de la política.

Tenía una precaria salud. Lo aquejaba una hemofilia y una úlcera gástrica. Apenas las cuidó, como siempre con lo suyo, postergado sus prioridades por los demás, por el prójimo. Un hombre sencillo y generoso. En la noche oscura de la tiranía recorrió el país de norte a sur con su prédica de futuro. Aún en los fines de la democracia en crisis caminó por las calles de Santiago asediado y perseguido por los que ultimaron a Rene Schneider.

Nunca tuvo un vehículo. Nunca tuvo más propiedad que un humilde departamento que le regalaron sus padres, María y Carlos. Sus sueldos de diputado los entregabas casi íntegros a la juventud y al Partido. En pobreza franciscana solo se enriqueció en el cariño y la solidaridad de los que los que lo rodearon. Con más atención escuchó al desposeído que a los poderosos. En su liderazgo nacional e internacional, no hubo más protagonismo que el que lo requirió la causa superior. Un hombre bueno y pacífico. No mató ni a moscas ni arañas.

El cariño que le producía el cantar de Joan Manuel Serrat. Otras quizás por miedo, quizás el único de sus miedos, se dedicó a sembrar vida y a rechazar la muerte. Disfrutó de su existencia. Escuchó “Gracias a la Vida” de nuestra Violeta o a los Beatles cantando “Imagine” de Lenon y Mcarthney que le llegaban al alma. Fue un hombre de paz.

Carlos: Un hombre responsable y consecuente. Sus ideas de futuro las defendió en el diálogo y en el debate. Las cultivaba, las aprendía de la vida y de los textos, y las sometía a los desafíos de la realidad.

Siguió los pasos de Salvador. Las grabaciones de las órdenes malditas mostraban al hampón principal recordando a los fascistas romanos, las palabras del traidor a la patria Augusto Pinochet: “Ofrézcanle un avión al guevón para que se vaya y allí lo matamos… total muerta la perra se acaba la leva”. Como si a Salvador se le pudiese matar. Como si a Carlos le pudiesen hacer desaparecer.

DOCU: “Carlos Lorca: La historia de un desconocido”.
Dirección: Rafael Burgos.

Carlos Lorca: La traición del Partido Socialista.

Hace ya un año, el PS pidió perdón por abandonar la querella por el ex diputado Carlos Lorca, detenido desaparecido del partido. Un hecho que trae a la memoria un complejo capítulo en la biografía política del Partido Socialista.

En la Plaza de la Constitución, a los pies del monumento a Salvador Allende, un grupo de socialistas -militantes activos, pasivos y otros “de toda la vida”- desplegaron un lienzo con la imagen de un joven barbudo, con una mirada protegida por unos lentes de gruesos marcos de carey. Abajo del rostro, su identidad: Carlos Lorca. Así, se iniciaba un discreto homenaje al ex diputado del Partido Socialista que un 25 de junio de 1975 fuera detenido y desaparecido por la DINA, órgano represor de la dictadura.

Entre la decena de personas que participan en el acto se encuentran dos de los hermanos del ex legislador, Jaime y Raúl. Es este último quien leyó una declaración pública donde critica en duros términos al Partido Socialista, colectividad que Carlos Lorca dirigiera en la clandestinidad luego del Golpe de Estado de 1973. Un reproche que se sustenta en un embarazoso hecho para la militancia socialista, luego que el PS abandonara la querella con que el partido aspiraba a decretar las circunstancias de su muerte y establecer justicia para los responsables.

Con lo anterior, se cerraba un homenaje que duró tanto como la lectura de un texto de tres carillas. Una muestra de congoja luego que el abogado de la colectividad encargado de tramitar las causas de derechos humanos del partido, Juan de Dios Parra, no se sumara a la acusación fiscal que lleva adelante el ministro en visita extraordinario de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vásquez, ni tampoco presentara una acusación independiente. El tema llegó a que la actual directiva del PS, presidida por la senadora Isabel Allende, pidiera perdón a la familia Lorca el pasado lunes y que el vicepresidente del partido, Camilo Escalona, sugiriera que Parra deje sus funciones.

Las disculpas, en todo caso, fueron dobles, puesto que, en su momento, Parra incluyó en la causa en calidad de víctima del partido a Jaime López Arellano -ex pareja de Bachelet- integrante de la dirección clandestina del PS, pero también identificado como colaborador de la DINA.

Un doloroso capítulo que, tras el abandono judicial del PS, vuelve a la memoria. “Es doloroso saber que el PS ni siquiera honra a sus muertos y es más doloroso que Bachelet, con todo lo compartido con mi hermano y que asegurara que ningún detenido desaparecido sería olvidado cuando asumió en su primer gobierno, tampoco haya influido en nada para la justicia de mi hermano Carlos”, remata Raúl Lorca.

En nuestras mentes y en nuestros corazones.
En cada paso que damos.
En nuestros días y nuestras noches.
En nuestros amores y en nuestro trabajo.
En nuestro sueño por un Chile mejor y en paz, sin odio y sin violencia.
¡Nada ni nadie te podrá hacer desaparecer!
Carlos querido; ¡Hasta la Victoria, Siempre!

Felipe Henríquez Ordenes


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Felipe Henríquez Ordenes
Zurdo, DDHH. Ateo BRAVO. En la búsqueda de la verdad y justicia. Autor de los Retazos de la Memoria Chilena. Twitter: @PipeHenriquezO - Correo Electrónico: fhenriquez@vcc.cl