[OPINIÓN] Por quién NO votaré

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Por Trinidad Lathrop Leiva.


Se me ha pedido que diga por quién votaré. Un piñerista me decía: “dime si existe otra opción” (risas aquí).

Faltan meses para las elecciones. Y voy a tomarme todo el tiempo necesario para reflexionar al respecto. El voto, además de informado, libre y secreto, debe ser responsable. Debo votar por quien yo considere de verdad que le hará mejor al país. Esa es mi responsabilidad como ciudadana. La mínima.

Adelantar una decisión, con toda la información que se puede tener hoy en día, me parece un atolondramiento innecesario. Pero me preocuparé de informarme de verdad. No de tragar memes ni pseudo noticias como la de la media hectárea de la hija de Bachelet o el trabajo de la hermana de Beatriz Sánchez. Y muchas otras que ponen como blanco de la prensa o de las redes sociales a Boric, Jackson, Cariola, Vallejo e incluso MEO.

Por otro lado, habrá que cuidarse de esas noticias que en realidad son campaña electoral. La prensa escrita se ha prestado para ser no solo portavoz de Piñera, si no que lo ha posicionado como si ya tuviera la carrera ganada. Cuando la realidad es que Piñera no pasa del 25% de las menciones -en encuestas de su propio sector político- pese a que lleva ya tres años de campaña. Aún nada está escrito. Pero, si bien no he definido aún por quién votar, sí tengo muy claro por quién no votaría bajo ninguna circunstancia.

Por respeto a la libertad personal de los ciudadanos, no voto por ningún candidato/a que pretenda tener derechos sobre la vida privada. No voto por quien niega los derechos sexuales y reproductivos a las mujeres, y pretende mantener una ley que encarcela a quienes se practican un aborto. Eso es violencia de género, les guste o no.
No puedo votar por nadie que pretenda que una niña de 12 años, violada, debe parir a la fuerza. Por mucho que traten de “endulzar” ese embarazo con frases como: “Ella está feliz con su guagüita” o “Es muy madura, puede ser mamá”. Lo mismo que piensa el violador: “Es madura, me la puedo ‘pescar’”.

No voto por quienes se oponen al matrimonio igualitario porque asumen que hay cierto tipo de personas que deben tener un régimen jurídico distinto, que no merecen los mismos derechos que el resto. El mismo principio de quienes defendían la esclavitud, afirmando que negros y blancos no podían tener iguales derechos porque eran distintos.

Es inmoral, sin importar la excusa que busquen para defender su postura.

Lo mismo ocurre con las personas trans. No voto por nadie que le niegue a un sector de la población el derecho a vivir según el género que les es propio, sin importar si nació hombre o mujer. No votaré por quienes se oponen a una ley de identidad de género que reconozca todos sus derechos a personas trans y que les permita desarrollarse y crecer como personas felices. Eso desde la infancia.

No voto por nadie que defienda, justifique o minimice las violaciones a Derechos Humanos. Que pretenda que, en determinado contexto, pueden ser justificadas. No voto por nadie que piense que algunas personas están de más y que el Estado tiene derecho sobre la vida de las personas.

Del mismo modo, no voto por nadie que pretenda dejar libres a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad, cuando esto supone impunidad para los crímenes más atroces que ha visto este país. Tampoco votaría por quien pidiera el retorno de la pena de muerte.

No voto por quienes crean que el pueblo puede o deber ser reprimido por la fuerza cuando se manifiesta. No puedo votar por quienes usan policía militarizada contra ciudadanos desarmados. Las FFEE son en sí una violación a los derechos humanos, son parte de la doctrina del enemigo interno, que pretende hacernos creer que quien “mete bulla” es un enemigo de la patria.

No voto por nadie que justifique la violencia contra los pueblos originarios, por nadie que pretenda hacernos creer que los miembros de las diversas etnias del país son terroristas peligrosos a quienes hay que aplastar. No voto por quien se niega a reconocerles derechos sociales, políticos y económicos. Por nadie que les niegue autonomía en las materias que les son propias. Somos un país plurinacional, donde existen diversas etnias y culturas, esto es, diversas naciones. No reconocerlo es contumacia.

No voto por nadie que defienda el sistema neoliberal que ahoga al pueblo de Chile, donde el único derecho garantizado y protegido es el derecho a hacer negocios sin regulación del Estado. La colusión, el cohecho a políticos, la especulación, no son males del sistema: son el sistema mismo.

No votaré por quienes defienden la idea de que los derechos son un bien de consumo. Eso incluye salud, pensión, educación, vivienda digna, etc. No votaré por quienes insisten en que el ejercicio de tus derechos depende de cuanto dinero tienes. No puedo darles mi voto a quienes pretendan, con la excusa de la libertad de emprendimiento, impedir que algunos tomen agua. Para muchos, tomar agua depende de quién tiene la “propiedad” de la misma. Es aberrante.

¡¡¡ Tomar agua hoy no es un derecho garantizado en Chile !!!

No le daré mi voto a nadie que quiera seguir vendiendo nuestros recursos naturales sin sustentabilidad. Basta de regalar minerales, bosques, peces, etc. Basta.

No voto por nadie que considere que el trabajo no vale. Por nadie que defienda la tesis que señala que el esfuerzo de quienes se levantan a las 5 a.m. todos los días y hacen que este país tenga pan, luz, comida, agua, ropa, servicios, micros, semáforos, pasto en las plazas, etc. vale 280 mil pesos mensuales y menos por quien se atreve a decir que está consciente que ese monto no alcanza para alimentar a una familia, pero que no se puede hacer nada mejor pues los negocios son los negocios.

No voto, pon ningún motivo, por quien niegue derechos a los trabajadores. Estamos al debe en relación al derecho internacional en este respecto.

No voto por nadie que crea que es legítimo que los viejos jubilen con pensiones miserables. O trabajen hasta los 80 años o hasta caer muertos en la calle. Una pensión digna es un derecho inalienable de todo ser humano.

No voto por nadie que se oponga a una Asamblea Constituyente, porque no acepto que pretendan hacerse del poder de decidir sobre este país sin que los ciudadanos tengan nada que decir. No creo en la democracia, que algunos llaman representativa, y que hasta la fecha se mantiene con el uso de la fuerza o del sistema político que se implementó en dictadura. Quiero una democracia PARTICIPATIVA.

En otras materias puedo ceder, en estas no.


Trinidad Lathrop Leiva


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